
Hoy me he encontrado en una situación como poco curiosa, pero cada vez más común, en la que me he visto obligada a educar a un paciente, que ni siquiera era mío (me buscaba como alternativa a varios fisios en los que había estado), bajo una falsa premisa que cada vez está más extendida, y que no deja de ser fruto de una falta de información acerca de la fisioterapia y los procesos relacionados con la evolución y tratamiento de las lesiones de larga evolución. Reflexionando posteriormente, he sentido la necesidad de compartir esta información más detalladamente en un artículo que creo puede resultaros muy interesante y educativo.
No me refiero al chisme, sino a:
Las Expectativas personales vs realidad terapéutica
¿Qué esperamos realmente cuando vamos al fisioterapeuta? ¿Qué sucede cuando no ocurre lo que esperamos?
Cuando aparecen los primeros síntomas
Generalmente, cuando aparece dolor o alguna limitación funcional, surge una preocupación y la necesidad de resolverla cuanto antes.
En muchos casos, especialmente cuando se actúa de forma precoz, las lesiones tienen una evolución favorable y pueden resolverse en relativamente poco tiempo. Otras veces requieren más tiempo, pero también terminan resolviéndose. O no… a veces tenemos que conformarnos con alcanzar unos objetivos que siempre se intentan sean los más óptimos.
Cuando dejamos pasar el tiempo
Sin embargo, el paciente no siempre busca ayuda profesional cuando aparecen los primeros síntomas.
Los motivos pueden ser variados. Por tiempo y dinero son muy comunes, y el “ya se pasará”, “mientras no me impida trabajar (u otra actividad que considere importante)”, o “no es nada grave”, son cada vez más recurrentes.
Para el profesional sanitario estos motivos son lo de menos. No estamos aquí para juzgar a nadie. El problema es que si la patología continúa evolucionando, va a dificultar su resolución.
Una mejoría temporal no siempre es recuperación
A menudo entra en juego la ley de Murphy. Justo cuando el paciente decide que quizás los síntomas están alcanzando una intensidad y provocando una disfunción suficientes como para acudir al fisio, se produce una situación como pueden ser la llegada de las vacaciones, y se reducen o eliminan de forma drástica y temporal aquellas actividades que alimentan la lesión, y el paciente interpreta esa mejoría como una recuperación.
Hasta que retoma su actividad habitual y vuelven las rutinas, y las molestias reaparecen.
Las lesiones de larga evolución
Cuando finalmente decide consultar, el fisioterapeuta no recibe una lesión reciente. Recibe una lesión que lleva tiempo evolucionando.
Y esto es importante porque, en general, cuanto más tiempo lleva instaurado un problema, más complejo suele ser su abordaje, y más tiempo suele requerir su recuperación.
Aunque no significa necesariamente que no vaya a resolverse. La lesión primaria puede involucrar otras estructuras compensatorias y los síntomas empeorar cuando se añaden factores que antes no afectaban a la lesión principal, lo que dificulta la identificación de las causas, la evaluación diagnóstica y el tratamiento, que necesitará de más herramientas terapéuticas, un seguimiento más exhaustivo y mayor implicación del paciente.
Lo que esperamos del fisioterapeuta
Nuestro paciente, sin embargo, desconoce todas estas realidades, y cree y espera que vaya a resolverse fácil y rápidamente. “Un masaje y unas corrientes, y como nuevo”.
La lógica de estar por casa
El paciente aplica “su propia lógica”. Una “lógica de estar por casa”, que no son más que ideas preconcebidas que tienen mucho sentido en su cabeza y es comprensible que pueda pensar que vayan a ocurrir de esa manera, pero que son erróneas porque están planteadas desde la ventana de la desinformación.
Para que me entiendas, esta lógica de estar por casa, ese sesgo de razonamiento, es aquella que utilizamos cuando nos convencemos de que somos capaces de arreglar la lavadora mirando un vídeo en internet y la acabas liando por manegueta. No hace falta que te explique a cuánto sale la broma. Tiempo, dinero, y frustración.
Retomando el hilo. Ya han empezado a aparecer las primeras diferencias entre las expectativas personales y la realidad terapéutica. Y todo, insisto, a causa de la desinformación. De la cual el paciente no tiene culpa. Entre otras cosas porque está evaluando una situación que queda fuera de sus competencias profesionales y rara vez forma parte de la cultura popular. No tiene por qué saberlo. De ahí una de las razones por las que he decidido hacer este post.
El tratamiento requiere implicación
Imaginemos ahora que ese paciente acude a un fisioterapeuta. Se le valora, se plantea un tratamiento, se recomiendan determinados ejercicios y se sugieren cambios temporales en aquellas actividades que pueden estar perpetuando el problema.
Pero al paciente no le es posible seguir la pauta completa por logística o, aquí viene el terror, aplica de nuevo “la lógica de estar por casa” y elige él mismo qué considera importantes hacer o no, o peor todavía, hace los que le gustan y deja los que no le gustan del abanico de opciones (¡no son opciones, son pautas!) que le ha brindado su fisioterapeuta. En este último caso habría que valorar dónde ha fallado la comunicación para que al paciente no le haya quedado clara la importancia del cumplimiento de las pautas de tratamiento;
puede ser que el fisioterapeuta no haya sabido explicarse correctamente, o también que el paciente no sea permeable a integrar ideas contrarias a su lógica de estar por casa, las cuales, al igual que su patología ya cronificada, están instauradas en su organismo. Ambas son características muy humanas con las que todos podemos identificarnos, la primera yo.
Cuando las expectativas no se cumplen
La cuestión es que el paciente sigue la pauta de forma irregular, no modifica aquello que agrava la lesión, no es constante en la programación de sesiones que plantea el fisioterapeuta y, aun así, espera una mejoría mucho más rápida de la que realmente se produce.
Al no obtener el resultado que esperaba, decide probar con otro profesional.
Y después con otro.
Y quizá con otro más.
Poneos en la cabeza de este paciente, y utilizad su lógica de estar por casa. ¿Qué pensaríais acerca del tratamiento? ¿Y acerca de los fisioterapeutas a los que ha acudido?
Y tú, que dispones de toda la información que hemos ido incorporando a lo largo de esta historia, y que el paciente desconoce o no está teniendo en cuenta, ¿qué pensarías?
De la historia a la realidad terapéutica
Dejemos de lado la historia y extraigamos de ella las realidades terapéuticas fundamentales que esconde; que son precisamente las que nos interesa aclarar en este artículo y que rara vez se abordan con el detenimiento que merecen.
REALIDADES TERAPÉUTICAS
La evolución de las lesiones
Cuanto más tiempo lleva evolucionando una lesión, mayor es el riesgo de volverse más compleja. Esto afecta a la patología primaria, a estructuras asociadas y por compensación, a los mecanismos y factores causales y agravantes, a las herramientas terapéuticas, a su evolución, seguimiento por parte del profesional e implicación del paciente y, por supuesto, al tiempo necesario para su resolución, que a su vez podrá ser completa o parcial.
La disminución o desaparición temporal de los síntomas no siempre significa que el problema haya sido resuelto. En ocasiones simplemente han desaparecido, de forma temporal, los factores que lo estaban agravando, de manera que inconscientemente la patología continúa instaurándose en el organismo, y los procesos metabólicos necesarios responsables de resolverlo pierden estímulo y capacidad de reacción. Cuando volvemos a introducir los factores desencadenantes, los síntomas vuelven a manifestarse con intensidad o limitación funcional que deja claro que la lesión continúa existiendo.
Los tratamientos no suelen valorarse por sus resultados inmediatos, sino por su evolución a lo largo del tiempo, que está directamente relacionada con el tipo de lesión y con un conjunto de factores intrínsecos (propios del paciente) y extrínsecos (causas externas), entre los que se encuentra el tiempo de evolución de la misma.
No siempre es posible la recuperación completa, inmediata o a largo plazo. En ocasiones el objetivo es recuperar función, mejorar la calidad de vida, aumentar la tolerancia a la actividad o reducir la frecuencia e intensidad de los síntomas. Esto viene determinado de nuevo por factores intrínsecos y extrínsecos, entre ellos la gravedad de la lesión, la complejidad de las causas y la capacidad para identificarlas y corregirlas. Es muy importante informar de esto al paciente.
El tratamiento es un proceso dinámico
La fisioterapia es un proceso dinámico. Valorar, aplicar, observar resultados y realizar ajustes forma parte del tratamiento.
Añadir, retirar o modificar pautas no significa necesariamente que lo anterior estuviera mal planteado. Significa que la evolución del paciente aporta nueva información.
Seguimiento e implicación del paciente
Un seguimiento continuo del proceso y de la evolución por parte del fisioterapeuta es imprescindible para una correcta recuperación. La implicación del paciente, también.
Las pautas indicadas, los ejercicios domiciliarios, las modificaciones de actividad y la asistencia a las sesiones programadas no son elementos independientes del tratamiento; son parte de él.
Es frecuente que el paciente no pueda cumplir la pauta terapéutica a rajatabla. Cuando existen limitaciones físicas o personales reales, comunicarlas permite adaptar el tratamiento a las circunstancias del paciente. Y en ocasiones, también ajustar las expectativas.
Comunicación y confianza
La comunicación es una responsabilidad compartida. El fisioterapeuta debe informar, explicar y resolver dudas. El paciente debe aplicar la escucha activa, intentar comprender la información recibida, plantear las dudas necesarias y estar dispuesto a cuestionar y relegar a un segundo plano aquellas conclusiones que haya construido desde el sesgo de su razonamiento, lo que hemos llamado la lógica de estar por casa, en favor del criterio profesional.
Sin comunicación, comprensión y confianza mutuas es difícil construir un tratamiento eficaz.
Confiar en un profesional no significa obedecer ciegamente. Significa comprender los objetivos terapéuticos, plantear dudas y conceder un tiempo razonable para valorar resultados.
Continuidad y tiempos de recuperación
Cambiar constantemente de profesional, de tratamiento o de estrategia dificulta saber qué está funcionando, qué no y por qué.
Del mismo modo que no suele considerarse razonable abandonar una medicación al segundo día porque todavía no ha producido el efecto deseado, muchos tratamientos fisioterapéuticos necesitan tiempo para mostrar resultados.
Estos tiempos, en condiciones no idóneas, fuera del control del fisioterapeuta y del propio paciente, pueden variar notablemente.
La continuidad tiene valor. Un fisioterapeuta que sigue un caso durante un tiempo dispone de información que no aparece en una valoración puntual. La historia de cómo aparecieron los síntomas, cuanto más reciente sea, contiene una información más fácil de recordar y, por tanto, más fácil de interpretar, lo cual favorece el proceso de evaluación, diagnóstico y posterior tratamiento.
Aunque es posible que un profesional se equivoque, o no disponga de los conocimientos, técnicas o recursos que pudieran resultar más adecuados en un caso concreto, descartar una estrategia terapéutica antes de haberle dado el tiempo necesario para mostrar resultados también puede conducir a conclusiones erróneas.
Los factores que influyen en la recuperación
La recuperación no depende exclusivamente del tratamiento recibido, ni de la destreza del fisioterapeuta. También intervienen factores como la edad, el sexo, el trabajo, la carga física diaria, la calidad del descanso, el estrés, la actividad física, la situación hormonal, el estado físico previo, la presencia de lesiones o patologías previas y/o asociadas, el tiempo de evolución del problema y la respuesta biológica individual, entre otros.
No todos los factores que influyen en una recuperación son controlables, pero ignorarlos no hace que dejen de influir.
Expectativas y realidad: encontrar el equilibrio
La recuperación no siempre sigue el camino que nos gustaría, sino el que permiten la biología, las circunstancias individuales de cada persona, las decisiones terapéuticas que se toman durante el proceso y el grado de compromiso con el tratamiento.
La recuperación suele producirse en el punto de encuentro entre una realidad biológica y terapéutica y una expectativa humana.
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